Foto de Rafa Martín Mañana jueves se inaugura en el Puerto de
Sólo aparentemente lo que ves de mí aquí y ahora es lo que soy aquí y ahora.
Foto de Rafa Martín 
Delicioso libro de relatos, editado por BAILE DEL SOL. Un total de 17 cuentos, muchos de ellos con un nexo común: la comida. Yo, que me gano la vida cocinando, he gozado con este libro, con casi todos sus relatos, en especial con el último SABOR, en la que se nos presenta a Margarita que posee un extraodinario don, muy parecido al del Grenouille de El Perfume. Para saber cual es, tendrás que comprarte el libro. Libro delicia, ya os lo digo yo. Y repleto de sabiduría femenina.

Ahora me han hecho herida unas sandalias viejas.
¿Cómo puede hacer daño algo a lo que se supone que ya deberías estar acostumbrado?
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(Poema de Nada para cenar, LFC Ediciones, 2006)
(La foto la tomé en el metro de Londres, en agosto 2009)
Me desmiento en el sentido más básico y primario. Me desquito a medida que mi cuerpo se acerca a una estación de ires y venires. Hay tantos ojos entonces que cruzan como vértigos y se disipan sin tiempo para sorber su esencia.
Camino al compás de alguna música, impropia, adoptada como banda sonora para mover el culo. Repaso lo que escribo con doble trazo para que no me olvide de la lección desaprendida. Así se vive al borde de una ventana abierta a cualquier lado, alejada de todas las especialidades, sin papeles ni firmas que me avalen. Me limito o me arriesgo saltando entre vagones, intentado que no se cuele el pie entre las bisagras y me muerda algún dolor hambriento. Carne sin un cañón que dé protagonismo a mis noches de insomnio. Observo cómo brotan pompas de sangre y de jabón de lo invisible y ni siquiera escuecen, o no tanto. Me excita conspirar así con la impalabra.

En las plantas de los pies, decepcionadas,
o en el centro del hueso de la rótula.
Puede que estén en los ovarios, inflamándolos,
cortándome la digestión entre los intestinos y el estómago
por falta de emancipación, de arrojo.
Tal vez se hayan quedado en la garganta
meciendo mi estulticia colgadas de la campanilla,
creciendo como un abceso,
como una manifestación de pudrimiento.
Hay algo orgánico
en esta invalidez
que no suelta palabras
como forma de alivio.
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(Foto y objeto de la foto: Jorge Gallego Lara)

Foto de Margarida A veces me pregunto si no soy un poco tiquismiquis con los temas que atañen a las mujeres, me lo pregunto y no tengo más remedio que responderme que no.
Hace unos días Isabel contaba esta historia en su blog, una historia que me hizo reflexionar sobre el hecho de que las mujeres siempre tengamos que estar prevenidas ante el engaño, que tengamos que sospechar de cualquiera que parezca valorar nuestras aptitudes y que, lamentablemente, en muchos casos, esas sospechas se confirmen. Me parece realmente triste que algunos hombres intenten conseguir echar un polvo a base de engaños, cuando no, de violencia, dramático asunto.
No es necesario buscar mucho, podemos abrir cualquier periódico y observar la situación de la mujeres en lugares como el Congo (donde se llevan su parte en el conflicto bélico a base de torturas y violaciones), en Afganistán (donde ocho de cada diez mujeres sufren violencia doméstica, entre otras muchas formas de violencia) y, sin irnos tan lejos, ahí, a la vuelta de la esquina encontramos mujeres asesinadas, mujeres sometidas abusos permanentes por el uso de la fuerza y, algo que me continúa sorprendiendo, una imparable violencia sexual. A lo mejor soy ingenua pero no soy capaz de comprender por qué se utiliza la sexualidad como agresión, por qué los hombres pueden encontrar placer en esta acción terrible cuando el sexo debería ser siempre un modo humano y placentero de relacionarse.
Pero, por otra parte, también he observado actitudes preocupantes en algunas mujeres. Siguen chirriándome comportamientos que fomentan los tópicos menos convenientes, la sumisión, por un lado, y la cosificación (feo palabro), por otro. Videos musicales, programas de televisión, internet o literatura (sí, literatura, incluso esa escrita por mujeres supuestamente innovadoras que me pone los vellos de punta. Cuidado chicas, no le demos tantas vueltas a la tuerca que nos pasemos de rosca), alientan estos modelos.
La historia de la antropología está plagada de ejemplos de imposición masculina, de patriarcado y, por supuesto, de violencia y menosprecio hacia los valores femeninos. Pero lo cierto es que hoy en día sigo escuchando opiniones de hombres y mujeres que me espantan, que me hacen plantearme lo poquísimo que avanzamos en el terreno de la igualdad de derechos, en el terreno de mostrarnos, comportarnos y relacionarnos como personas sin hacer bandera de los roles que nos llevan a lugares poco beneficiosos tanto para unos como para otras, pero especialmente para otras, para aquéllas que se llevan la peor parte.