Foto de Ángel Muñoz

viernes, 16 de marzo de 2012

Las ideas florecientes de una calavera

No es que me levante y me acueste en actitud reflexiva. Si bien es cierto que paso muchas horas en la postura del loto, con el ordenador sobre las piernas, eso tendrá, supongo, su meditabunda influencia. Eso y la inactividad laboral, la falta de horarios, el trasnoche...
Sea por lo que sea, noto que bullen las preguntas -inconcretas, carentes de materia útil, sin letras ni signos de interrogación- y que persiguen respuestas que parece que pasan por aquí, por delante del sofá, por debajo de la estantería, que se huelen pero, con las mismas, se esfuman y me dejan en ascuas. Es una dinámica sin compensación, a ratos estéril, a ratos fructífera, que acaba en tablas. Me deja con las piernas doloridas, con sensaciones encontradas de avance y retroceso. Mucha metapoesía de cocina mientras las emociones reclaman un empuje, nutrición. Se me ocurren millones de cosas sin sentido como pintar la caja de las naranjas para que cobre vida o triturar los versos en un pasapuré que me compré en los chinos. Es probable que precise una ducha de neuronas o abonar tanta farsa y dejar que germine.