Foto de Ángel Muñoz

domingo, 27 de enero de 2013

En el vertiginoso pestañeo de la vida



Un día estaba ahí, con veinte años, sosteniendo a mi hijo, el que nació antes de tiempo y me educó en la fragilidad desde el primer instante, en la fuerza también desde el principio, con esa voz de reto con la que fue creciendo.
Subiendo y bajando las persianas, poniéndonos al frente de alguna que otra cosa, caminando al remolque de otras, a veces con los ojos un poco entrecerrados o creyendo que es así como hay que mirar, cositas que se van aprendiendo, abandonos y pérdidas y despertares. Conducir por el campo sembrado y vernos sólo en el espejo que nunca dice tanto de nosotros..., qué limitada nuestra capacidad de contemplarnos.
Se envejece, se sabe, pero no cómo ni por dónde y tengo aún dos cicatrices muy pequeñas, una en cada rodilla, porque hace un rato largo jugaba al rey de la montaña y me lanzaba por los terraplenes. Y en el vertiginoso pestañeo de la vida, me va a llegar un nieto y lo pienso y me río y me emociona esto tan raro y tan hermoso de ser abuela, que es un título generoso y alegre, que por ahí me viene al pelo, pero que digo yo, cuándo ha pasado todo esto por mi lado? cuándo voy a saber que ya soy vieja?









6 comentarios:

El semielfo dijo...

Tú? vieja?
Anda ya mujer, vas a ser abuela!!!

jb dijo...

Inma, cariño, la gente como tú, con este dominio del amor y un estado de conciencia envidiable, como envidiable es también tu dominio de la palabra justa, la gente como tú, digo, no hace sino rejuvenecer y, ¡qué suerte!, rejuvenecernos.
Besos, jb.

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Nos gustó el texto. Además, a los 20 años estabas muy guapa. Y también ahora.

Noemí Márquez Pérez dijo...

nada de vieja, tú como los buenos vinos y a disfrutar de la vida y de la nueva vida, ayudarle a que crezca siendo una gran persona. besos

Antonio Fernández López dijo...

Pero no es distinto para nada ni el hecho de la abuelidad ni la secuencia de las dos cicatrices en las rtodillas. Apenas un subir y bajar de ojos, aditados con unos cuantos años de por medio que no son sino una convención. Un beso

isa dijo...

Precioso, como describes el paso del tiempo. Me he sentido identificada. Un saludo desde
laultimaresidencia.blogspot.com

Isa