Foto de Ángel Muñoz

domingo, 15 de diciembre de 2013

Ojo de poeta



Hecha de lo que como por los cinco sentidos. La flor ojo de poeta es invasiva. Hay que tomar precauciones con ella. Colombia mantiene en mí su temblor, su vibración. Miro al centro de la flor, hipnotizada paseo las calles de Madrid, me embriago. Dar forma a los deseos me aleja de los miedos y camino hacia donde la ligereza me convoca. Se produce ese efecto, como en épocas armoniosas y lúcidas, la sensación de brillo, de levadura, pompa de ebullición.

El ojo de poeta invade, se traga los espinos, se adhiere a los troncos rugosos, salpica cualquier verde con su flor soleada.

Es glorioso cuando algo ha prendido dentro y lo notas y sabes que habrá un fruto y no te importa el tiempo que llevará su maduración y desconoces cuál será su sabor, pero lo notas, como todo, en el estómago, en sus alrededores, sabes que sólo está pidiendo riego.

Y yo, ahora, soy agua.