
Así que me ha dado alegría encontrar en El País el regalo perfecto para ella. Creo que si no le convenzo con principios morales podré hacerlo con principios modales (esto es, de la moda) porque si no, vean ustedes lo último de lo último entre las adolescentes residentes en Melrose Place y alrededores, el anillo virginal True Love Waits. Bueno, entre esto y la vacuna creo que podremos retrasar el fatídico momento porque, señores, en el fondo de mi ser tengo la terrible sospecha de que a medida que aumente la actividad sexual de mis hijos irá decayendo la mía.
Por otra parte, y quizá esto les resulte superficial (pero eso va en cada uno), también me provoca satisfacción el hecho de no tener que descalzarme si no me da la gana cada vez que tenga que coger un avión. Y es que yo, sin tacones, pierdo mucho.
Ah, y además, parece ser que el petróleo da un respiro a la inflación, que los bancos están empezando a ganar menos y que lo de Obama va palante. Esto también será para alegrarse o es que tengo un buen día?