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lunes, 30 de marzo de 2009

Escalopines de corazón


Me equivoco. Busco razones para lo que son nada menos que escalopines de corazón. Así me he pasado la vida. Intentando encontrar soluciones perfectas, recetas que puedan escribirse y, negro sobre blanco, lo pongan todo en claro. No me doy cuenta de que todo esto que pasa es un juego de amor y crecimiento, de desconcierto y búsqueda, de gritos que no saben como darse y que sólo requieren algún tipo de abrazo, pero cuál. Soy una madre así, desconcertada y torpe, que se pierde mientras persigue la buena dirección, que nunca existe, la vuelta atrás, del todo inútil, la forma más certera para evitar los daños. Mientras, ellos, me van sacando a bocaditos trozos sangrantes de la vida. Tendrá que ser así para que aprenda que sobre cosas de hijos no hay concreción alguna, que es absurdo intentar no caer en las trampas. ¿Es suficiente con quererles? No penséis que se trata de una pregunta retórica.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay, hija, cómo me identifico!!
No sé lo que opinarán mis dos monstruas,pero yo deseo irme de casa todos los días.
Tú escalopines. Yo, carne picada.

Inés

Ana Pérez Cañamares dijo...

Sí, creo, cuando no podemos hacer más que quererles, entonces eso es suficiente.
Besos, reina.

Ana Pérez Cañamares dijo...

... llegará otro momento, tú lo sabes. Y luego otro y otro...

Uno que mira dijo...

¿Suficiente para qué? Los hijos que no les dan disgustos a sus padres serán muy desgraciados el día de mañana, porque el mundo que habitarán ya no es el nuestro sino otro que ellos mismos habrán de construirse y para vivir plenos no habrá otro camino que transcurrir de acuerdo a su sentir de lo humano, aunque se oponga frontalmente a aquel que nosotros tratamos de inculcarles.

Puedes decirles cien mil veces: "Te prohíbo que pongas la mano en el fuego porque te vas a quemar", pero nos ahorraríamos muchas palabras y muchas discusiones si dejamos que se quemen y luego estamos ahí para curarles las quemaduras.

Claro que quién es el guapo que es capaz de tolerar la frustración y el miedo que produce ver que la carne de tu carne se está metiendo en la boca del lobo tan alegremente.

Mi padre fue muy rígido conmigo, y no consiguió salvarme de ni uno sólo de los peligros que me advertía, lo único que consiguió es que no acudiera a él cuando la vida me golpeó brutalmente en pleno rostro, por el miedo a ser juzgado, al te lo dije y a las mil veces que me prohibió aprender lo que la herida había de enseñarme.

Y a día de hoy puedo decirte que a él le fue suficiente con quererme, que tengo con él una relación cordial y estrecha, y que le devolví con creces todos los pedazos de corazón que le arranqué con los dientes.

Porque el también me trituró lo suyo, y todo por quererme tanto que no supo jamás vencer el miedo a que la vida pudiera derrotarme, y ese miedo hizo que no supiera ver que aquellas cosas que nos enseña la experiencia, no se pueden enseñar con las palabras.

Inma Luna dijo...

Uf, Inés, pues ya sabes.
Anita, UN PASO ATRÁS
Antes de que mi voz no sea más
que una gota en la marea del mundo,
déjame decirte algo:
Con todas mis fuerzas lo intenté.
Mi fracaso sólo es comparable
a la magnitud de mi amor.
(cosita tuya!)
Uno, gracias. Sé que estás ahí.
Besitos

coco dijo...

Sí querida, es suficiente. Pero no de un suficiente de aprobado. Es suficiente de sobresaliente.

Inma Luna dijo...

Está bien pensar eso, Coco, de alguna forma nos exime de culpa, pero no sé yo...
Besitos

libertad dijo...

Me temo que aunque es lo fundamental, no es suficiente. Lo que no sé es si podemos controlar lo que lo hace superar lo suficiente. Debe ser tremendamente complicado. El mayor reto de nuestras vidas, posiblemente.
Un beso, guapa