Foto de Ángel Muñoz

martes, 20 de noviembre de 2012

La impertinencia de las metas


Adelantamos la consciencia hasta un lugar y plantamos la seña. Luego, jadeamos a lo largo de todo el camino. Perdemos el resuello mucho antes de abandonar la cama porque estamos tan lejos. Y mientras, por aquí, resulta que se cuela la luz y que hay pequeñas llamas calentando y huele bien y la sed se alivia. No lo percibimos, sólo miramos la larga y empinada cuesta.
Dónde plantamos la pica? Dónde nos va a esperar el sueño? Siempre lejos. Esta estructura levantada por los condicionantes va poniéndonos trampas. Y se pasan los días como si no tuvieran nada que decirnos cuando lo cierto es únicamente este respirar, este sencillo acto de darnos cuenta. Y disfrutarlo.