Foto de Ángel Muñoz

miércoles, 19 de agosto de 2009

El cortísimo vuelo de los gorriones



Aquí no huele a mar ni a sal ni a campo ni a paisaje. Si tiene que oler a algo, os lo aseguro, mejor que sea a nada. Hay derroche de gris por todas partes y edificios que han sido construidos sin una pizca de cariño ni alegría. Vivo esquinada en un lugar con pasos de peatones y locales en venta, perros que dejan huellas en las calles y parterres tan tristes que se mueren a cachos. Sé por qué estoy aquí, qué lazos son los que me atan a este extraño paraje suburbano en el fui a caer, aunque todo podría ser también un puro invento.

3 comentarios:

Isabel Huete dijo...

Intrigada me dejas de dónde estarás...
Todo suena muy solitario y triste.
Besazos.

Uno que mira dijo...

Igual que hay gafas de sol para el exceso de luz, debería haber gafas de sombra, cuando la oscuridad es mucha.

En cualquier caso parece circunstancia lo que cuentas, y con ella la fugacidad entre sus dientes.

Así que no te afanes. Tal vez hoy que te contesto ya estás conquistando de nuevo aire libre, mar abierto.

Inma Luna dijo...

No pasa nada. Nada es tan triste. No veis esos reflejos que hacen guiñar los ojos?