
Me tumbo en la cama. Tengo los pies al rojo. El estómago salta. Noto las ideas, los temores, dando bandazos. Me voy haciendo a las formas. Trabajo las arcillas con las yemas rilonas de los dedos. Ya lo dije. No sé cómo se juega. Por un lado, extiendo las manos. Por otro, me encojo como cuando se toca un mejillón. Estoy tan asustada que parezco un pollito mojado. Busco los remedios afuera. No hay ni uno. Sé bien de dónde tengo que tirar pero no encuentro el cabo. Anda por los centros y tengo que meter tan adentro las manos que me duele cualquier entraña. Voy aprendiéndome a base de pequeñas incisiones. Pero escuece. No sé si lo sabes.
3 comentarios:
Sí, lo sé.
Pero no queda otra, no sé si lo sabes.
Ay Loredhi (qué gustito encontrarte) esto de la autoexploración no es buen negocio, eh.
Lo sé.
Vaya si escuece.
Genial, no?
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