Foto de Ángel Muñoz

viernes, 9 de julio de 2010

La nada blanca y clara


Cuando entra esta luz por el balcón pienso en hacer como el Fogg de Paul Aster en El palacio de la luna, abandonar todo esfuerzo, tumbarme sobre la colcha y divagar. Si cierro los ojos observo los colores que me pasan por dentro, oigo las frase que no sabía que hubiera retenido, me fuerzo a no pensar. Dejo que el aire acondicionado me refresque, el oxígeno entra sin prisa y solamente tengo ganas de que no ocurra nada. No hay necesidad, ni sed, ni hambre. No tengo prisa. Me detengo en las formas misteriosas que componen las sombras en el techo, el recorrido imaginario de los coches que pasan, los ruidos lentos de la siesta. Parece que voy a quedarme en ese estado para siempre, que nunca más necesitaré moverme, ni hablar, ni escribir, ni hacer ninguna reflexión, ninguna acción que traiga consecuencias, no tomaré ninguna decisión ni albergaré otro sentimiento que la nada. La nada blanca y clara.
El sonido del móvil me saca de la ensoñación como un porrazo en la nuca.
Me asomo al balcón esperando encontrar al otro lado el rótulo vibrante del Moon Palace, tan sólo veo un gato que intenta refugiarse de los 40 grados a la sombra de un coche moteado de lluvia polvorienta.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sólo tú eres capaz de hacerme viajar hasta la nada y desear quedarme allí para siempre...
la tata

Furtiva dijo...

La contemplación: el estado puro del alma. Hermosa imagen, hermosas palabras.