Foto de Ángel Muñoz

sábado, 3 de julio de 2010

Forzar la mirada de los ojos rotos


Una pastilla y después otra, y otra más. No calman a pesar del sabor de su amargura. Pienso en tu camino. Trato de vislumbrar el mío. Me resbalo. Pongo una lavadora de ropa oscura. Si miro a cualquier lado, los ojos me duelen como si se me hubiesen roto. Hago planes de sábado y me tumbo en el sofá para no meditarlos. Hay muchos libros que estudiar y muchos suelos que barrer. Mi hija sigue con la puerta de su cuarto cerrada. Lo pasa bien ahí dentro, en el espacio de la emoción adolescente. Me llamas desde la bruma, me adviertes de la poca cobertura, la mía es mínima, no me permite hablar ni siquiera conmigo, tal vez sea mejor así. Un bloque de hormigón se agranda sobre mi cerebro. Pesa. Las piernas se están metalizando, tienen olor a fiebre. Demasiadas dificultades a la hora de atravesar el túnel y alcanzar la salida en la que espera un hombre inmóvil con un ramo de flores que nunca se marchitan.

3 comentarios:

Voltios dijo...

el final al menos transmite esperanza inma, un beso grande

Ana Pérez Cañamares dijo...

Todos los caminos son titubeantes, querida, la victoria es saberlo, compadecernos, contarlo. Te sigo acompañando, en el pasito p'alante y en el p´atrás. Besos

Ana Laura dijo...

Me sentí muy identificada. Tienes una forma de escribir muy bonita y elocuente.

Besos